Hay días en los que te levantas cansada…pero realmente no entiendes por qué.
Porque has dormido…porque, en teoría, no has hecho nada «tan duro» como para sentir ese cansancio.
Y aún así…te pesa el cuerpo, la cabeza no para y sientes que no puedes más.
Y entonces piensas:
«Estoy agotada/o…necesito descansar».
Pero no. No solo es cansancio…
Es saturación…
No estás cansada/o de hacer cosas…Estas así de pensarlo todo…de recordar, de anticiparte, de sostener, de estar pendiente de todo y de todos.
Porque tu cabeza no descansa nunca…
Aunque te sientes…aunque pares…aunque no hagas nada…
Tu mente sigue:
- Pensando lo que falta.
- Recordando lo que se te puede olvidar.
- Preocupándose por los demás.
- Organizándolo todo sin que nadie lo vea.
Es una lista invisible…una que no se escribe…pero no se acaba nunca…
Y eso también agota…
Agota más de lo que parece, más que el trabajo físico, más que el movimiento…ese peso en tu cabeza…abruma…sientes la presión en ella y te deja agotada/o sin ganas de absolutamente nada.
Porque no hay pausa, no hay desconexión…
Porque aunque tu cuerpo esté quieto…tu mente sigue corriendo.
Y te acostumbras a vivir así…
A estar siempre un poco cansada…desganada…a no parar del todo nunca…a funcionar en automático.
Y llega un momento en el que ya no sabes cómo se siente estar realmente bien, tu mente se acostumbra a estar en ese estado y a largo plazo tu cuerpo empezará a somatizar todo lo que llevas soportando.
Pero esto tiene una explicación y una salida.
No es que no puedas, no es que seas débil.
Es que llevas demasiado tiempo sosteniendo más de lo que toca.
Y nadie te enseñó a parar la mente. Solo a seguir.
Empieza por algo pequeño…
No necesitas cambiar tu vida hoy. Ni hacerlo perfecto.
Solo empezar a bajar el ruido, a soltar un poco, a dejar de estar en todo.
Hay una guía muy práctica que explica como reducir esa saturación mental y esos síntomas físicos en pocos minutos al día que le puedas dedicar, con pasos sencillos y aplicables.
Puedes verla aquí:
Quédate con esto…